Un crimen delicado
Autor:
Sérgio Sant´Anna
Colección:
Traducciones
Traducción: César Aira
Género:
Novela
Arte de Tapa:
Daniel García
ISBN:
978-950-845-206-1
Año:
2007
Páginas:
204
Precio: $
51
Exterior: U$S
20
En un Río de Janeiro de ambientaciones precisas –el Café Lamas, el cine de de Estación Botafogo, el Largo de Machado- el crítico de teatro Antonio Martins se involucra casualmente con Inés, una mujer misteriosa y renga, con quien establece una relación ambigua, en la frontera entre el afecto y la perversión. Acusado de las consecuencias “criminales” de sus supuestas relaciones, el crítico y narrador intenta entonces, en un tono al mismo tiempo confesional y analítico, reconstruir retrospectivamente su drama, y en esa reconstrucción va dejando abiertas distintas posibilidades de interpretación de lo que pasó. ¿Habrá sido él víctima de una trampa preparada por el artista plástico Vitório Brancatti, protector y posible amante de Inés? ¿Estaría el mismo diciendo la verdad sobre su relación con la joven?
Mezclando intriga policial y erotismo en una narrativa que contiene en sí misma su propia crítica, Un crimen delicado expone de modo sutil las fricciones entre arte y crítica como dos modos distintos de representación de la vida.
Sérgio Sant’Anna es en Brasil el representante de esa comunidad de imaginación que forman los escritores para quienes el mundo existe para ser transformado en los “misterios gozosos” de la literatura. Y en Un crimen delicado prosigue, como pocos escritores brasileños contemporáneos, en esa singularísima indagación sobre las magias de la escritura y sobre el mundo como astucia y representación alucinante.
Contenidos
FRAGMENTO. Debo aclarar que la primera vez que la vi estaba sentada a la mesa del Café y no pude contemplarla de cuerpo entero, aunque sí pude deducir, por su rostro de rasgos finos -y por los senos poco sobresalientes, a primera vista, dentro de una blusa elegante- que era una mujer delgada, de cuerpo bien proporcionado. Pero fue el rostro lo que más me atrajo, los cabellos claros, rizados, lo que me hizo pensar, quizás ayudado por dos coñacs, en una princesa rusa.
Entonces, sería exagerado decir que me sentí atraído desde el principio por eso, como podrían sugerir los hechos posteriores. A menos que se especule con la idea de que en la primera mirada ya está contenido todo, el conocimiento completo del otro, conocimiento que lo que suceda después sólo confirmará, y el destino que vivirán en común. Y debo reconocer que su mirada melancólica y su soledad recatada, en un café conocido por su ruidoso movimiento -pero que en aquel momento no estaba lleno- me sedujeron, me dejaron lleno de ideas como la de la princesa rusa, idea qye tuve ocasión de desarrollar pues yo comía y bebía solo. También puedo aceptar que la causa de su melancolía fuera eso, sólo que entonces yo no tenía modo de saberlo.
Sérgio Sant´Anna