“¿Quién mejor que un archivista hondo y despigmentado para hablar del entusiasmo en el mundo moderno?”
En la Metrópoli del Sur el sol de la llanura se cuela por los recodos de la burocracia. Ensamblada a los apurones por el mercado, la ciudad crece con cada barco que llega y amarra; cargamentos de memorandos, trajes oscuros, torres y mujeres de lejos, son estibados hasta los pasajes del centro. El cancionero es tenue y melancólicamente habla de ellas, inventándolas e hiriéndolas. Las nubes del año treinta enturbian el cielo y un despotismo entrometido baja a la ciudad en garitas y zeppelines.
FRAGMENTO. Aquella mañana de 1930 caminaba por los pasajes apretados de la Metrópoli del Sur. Entre una multitud de rangos bajos de las oficinas que apenas rozaban sus trajes grisoscuros, yo iba a mi lugar de trabajo en la Afianzadora Conforte. Era el primer día de primavera y el sol de nuestra latitud parecía un buen motivo para caminar más lento. Los párpados impacientes en algunas caras me decían que no sería fácil aquietar a esa muchedumbre de cadetes trotadores, pero qué otra cosa sino la primavera podría salvarnos de nosotros mismos. Me habría gustado que la multitud sofrenara el impulso y, suspendida en el pasaje, rompiera a cantar las canciones de los campos linderos y las noches con mujeres sin percalina. Pero yo era uno más entre los escalafones del llano y me limité a cuidar el lugar que había ganado en la parva de trajes.
Radioso porvenir es la primera novela de Ezequiel Sirlin, nacido en Buenos Aires en 1966. Ha sido finalista del Premio Clarín de Novela en las ediciones 2003 y 2004.